domingo, 8 de abril de 2012

Jugando con las ilusiones de los niños

Este fin de semana santa, me puse a reflexionar y pude darme cuenta que desde que somos chicos vivimos con "ilusiones infinitas" de alguna forma obligados por la sociedad en creer en algo que después se caerá, no es muy dificil pensar en ejemplos. El Viejito Pascuero, Conejo de Pascua, Hada de los dientes, la princesa perfecta, el principe azul, El viejo del saco, "Los duendes" etc. La pregunta es por qué hacer esto. He leído y me han contado varios casos de personas que, en su niñez, cuando supieron que realmente estos relatos de seres eran sólo un cuento y que no eran reales, tuvieron un trauma bastante importante, que fácilmente podría alterar su personalidad y generar un problema a lo largo de su vida adolescente y adulta. Claro, si uno lo piensa, muy fácil es inventar una historiam e ilusionar a alguien pero pensemos en un ejemplo totalmente alejado. Estamos en un trabajo relativamente bueno, pero llega nuestro jefe y nos comienza a hablar de un nuevo rubro, donde persona que lo maneje será exitoso inmediatamente, que todo se vende rápidamente. (Sé que habría que ser bien weón pa creerlo, pero es un ejemplo). Entonces nosotros nos creamos una expectativa e incluso sentimos ansiedad ante lo nuevo e impresionante, así como los niños (esos que se ponen a llorar de la emoción cuando ven al viejito pascuero penca en el Mall). Lamentablemente llega el momento donde nos dicen o descubrimos que todo era mentira, que no existía tal rubro, que no existía ese viejito pascuero que viaja por el mundo entregando regalos a todos los niños del planeta, ni esa princesa que sólo quiere un corazón sincero, ni esa hada de los dientes que se esmera en recoger los dientes de los niños y dejarle algunas monedas, etc. Terrible no? Si bien son tradiciones, al final todo termina en comercio y ganancia a través de las ilusiones de unos niños.
No creo que esté malo creer en algo, yo personalmente creo en varias cosas, pero siempre teniendo conciencia , lo que lamentablemente no existe en los niños, y al final lo único que hacemos es jugar con sus ilusiones y sentimientos.

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